CRÍTICA
Trascendencia
en la obra de
OSCAR
PANTOJA
Puedo
anticipar que la pintura de este artista boliviano sigue el discurso y el
decurso de la "abstracción lírica", aunque estos términos deban
entonces ser revisados. Abstracción, si, porque las intenciones del autor no
van en la dirección de la representatividad o interpretación icónica entre
sus preposiciones plásticas y los llamados "datos objetivos de la
realidad". Y lirismo porque en todos los cuadros, en toda superficie tocada
por el muy selecto talento de Pantoja predomina la intuición ontológica es
decir, que el artista recurre a privilegiar su fuero íntimo a fin de lograr la
aparición, el pathos del Ser a través de las hendiduras del yo. Sin embargo, téngase
cuidado al comprender la frase anterior pues la obra del boliviano no por lírica
es subjetivista encerrada en un inalcanzable solipsismo, sino que, al contrario,
su aliento nunca deja de superar todo acento dialectal, toda fraseología
localista para instalarse en la comprensión, credibilidad y legitimidad
universal.
Hace unos años,
en 1989 y con motivo de una exposición de Pantoja, Peran Erminy - uno de los más
firmes críticos del continente - aprehendió en profundidad el despliegue
espiritual de un artista dedicado a manifestarlo en sus creaciones, implorando
este y logrando, la aparición de un infinito repertorio de sutilezas para
seleccionar, cada vez unas pocas de ellas y mostrarnos imágenes que sobriamente
cubren el lienzo.
"La
idea fascinante y arcaica del palimpsesto, como forma inmemorial de expresión
infinitamente renaciente e inconclusa emerge con su mayor densidad y en todo su
vertiginoso espesor, como arrastrada por la fuerza incontenible, de una fijación
obsesiva y contagiosa, en la pintura de Oscar Pantoja. Pintura de vastos
silencios de voces lejanas en la que aparecen como espejismos los ejes remotos
de un pasado que permanece viviente en este mundo. El artista en la soledad de
sus sueños, sigue en los rastros borrosos y casi extinguidos, que va dejando
en las cumbres y en las ruinas de ciudades antiguas el paso lentísimo de la
eternidad", apunta Perán Erminy.
En verdad,
en esas telas prácticamente monocromáticas, con muchos tonos y matices
expandidos en superficies lisas, sin texturas notables y con los enigmáticos
signos de alfabetos perdidos como se pierde la cultura de un pueblo al ser
vencidos por otros,mas que "el paso lentísimo de la eternidad", yo
admiro como las imágenes de Oscar Pantoja se hacen perdurables y compañeras
del espectador precisamente por dejarnos descubrir una verdad insoslayable: No
somos mas que el tiempo. El espacio, la dimensión extensa, alude al
irresistible devenir que todo
acalla pero con la pausada,lenta, peregrinación de un tiempo
culturalmenle periférico, sin el fragoroso enrumbamiento de los triunfadores de
la historia. Cuando quedo perplejo, justamente asombrado, ante los nobles
cuadros de Pantoja, no puedo menos que recordar una frase del filósofo Ernst
Bloch: "Si el tiempo sólo esta donde algo ocurre, que sucede donde poco o
espantosamente lento algo acaece".
La pintura
de Pantoja rescata vestigios de culturas pretéritas, cuyas pictografías
reaparecen sólo por la convocatoria del arte y dejan ver como su marginalidad
histórica logra ser transformada en una serie de emblemas principales,
trascendiendo así la costra de lo cotidiano -o si se quiere, este opaco mundo
actual - para enviarnos y presentarnos mensajes de una plástica cuyo fundamento
es la autenticidad de su raigambre, asi como la arcaica escogencia lingüística
de Pantoja es transmutada en una vigente dicción contemporánea, cuál es la de
sus cuadros. Estos y otros decires cobran especial atención, en los tiempos que
corren, gracias a la actitud postmodernista prevaleciente en la faz cultural de
hoy en la historia. En otras palabras, el autor que ahora escribe sobre el arte
siente el frescor de poder eximirse de la tan explotada crítica meramente
formalista (en mi caso, siempre rechazada), para estar en condiciones de sacar a
la luz no sólo el como, sino el qué, de lo propuesto por un artista.
Isabel Rith
Magni afirma: "El matiz particularmente americano de su pintura no es el
resultado de un programa concebido sino de una actitud natural. Consecuente con
la tradición surrealisla, el artista insiste en el aparecer espontáneo,
involuntario de la huella que deja el contexto cultural ...".
Los signos
de la obra de Oscar Pantoja tienen su propia cohesión espacial y, por lo tanto,
prescinden de las coordenadas y proporciones físicas adecuadas al mundo usual y
social: antropológico.
Sus
pinturas, entonces, parecen mesurados recortes muy bien hechos de un descomunal
mapa cósmico; semejan hermosos quanta de energía espiritual deslindados de una
astronómica cartografía.
ARTE AL DIA