CRÍTICA

CIELOS RUPESTRES

Es considerado uno de los artistas contemporáneos importantes de Bolivia. Los especialistas y libros de arte latinoamericano le reconocen por su original aporte a la pintura. Con mucho premios y exposiciones en su haber, y una trayectoria de 50 años que inició ligada al surrealismo y al poeta español Juan Larrea. Oscar Pantoja (nacido en La Paz, 19210) estuvo recientemente en Santiago para abrir su exposición en la galería Arte Actual (del Centro de Extensión Cultural de la Universidad Católica). Ahí y hasta agosto se exhiben 21 óleos de gran formato de su última producción, titulada “Sobre los Ardientes Cielos Rupestres del Sur”.

Una obra fuera de estridencias, muy limpia, con grandes espacios de color, casi monocroma y abstracta, que remite a esos mágicos espacios ancestrales del mundo precolombino. Ello, junto a lo lírico son quizá su mayor punto de unión con Tamayo. Como lo es su tratamiento de la pureza cromática y la inmediatez textual que lo vincula a Rothco. Sus signos y señales (que aunque en Pantoja casi sólo se esbozan) lo unen a su vecino, el pintor peruano Fernando de Szyszlo. El español Tapies con su informalismo y el constructivista uruguayo Joaquín Torres García (tantas veces expuesto en Chile) integran también el rico marco de conexiones del maestro Pantoja.

Pero su obra es más que quieta. Más silenciosa. Transmite paz. De impecable factura, Pantoja aborda el óleo sin ánimo gestual (salvo en su cuadro Nº 3, más expresivo). Tampoco pone títulos ni hace una demarcación entre figura y fondo, como si para él la ausencia de formas claras acentuara el significado. En sus composiciones casi monocromas – que van del gris a sus verdes, a sus logrados y lindos azules o naranjas- el artista esboza sólo pequeñas señales (círculos, triángulos, líneas, incluso, ciertos rostros) que mucho toman de aquellos geoglifos y petroglifos precolombinos. Y que de verdad pueden parecer cielos. Algo similar realiza con el color. Pantoja añade una gota de blanco, o pequeñas líneas, por ejemplo, en rojo, sobre la superficie en gris o completamente ocre. El espectador, sin embargo, tiene que descubrirlo. Darse el tiempo para detenerse y apreciar estas singulares atmósferas (que parecen simples) y descubrir las pequeñas señales que se entrecruzan difusas en las misteriosas y refinadas telas de Pantoja.

Cecilia Valdés


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