
MALVERSACIONES DEL ESPIRITU
La obra de Oscar Pantoja es
suficientemente conocida en América Latina, prueba de ello son las múltiples
exposiciones, participaciones en bienales y recompensas obtenidas en centros
culturales acreditados. El valor de su obra estriba en haber logrado
desprenderse
de los resabios del arte indigenista que imperó en América y darle un vuelco
hacía lo universal, persistiendo en ella la huella y aliento profundo del
continente. Es allí donde uno logra comprender la importancia, para la evolución
y desarrollo del arte de nuestros países, de los pioneros del arte abstracto,
entre ellos Klee. En las investigaciones que este artista alemán hace en torno
al arte primitivo y el universo de los niños, intuye el valor esencial y la
universalidad de lenguaje gráfico espontáneo. Asimilar esta experiencia le
lleva a las máximas conclusiones, derivando su obra hacía una simplicidad y
pureza sin precedentes en el arte contemporáneo. Artistas del nuevo mundo como
Mérida, Tamayo. Lam, Szyslo, Vigas y Pantoja han comprendido el justo valor de
esas búsquedas y en gesto que enaltece sus obras han hurgado en ese río
americano, con las variantes expresivas que la geografía que les envuelve, les
restituye en magia y violencia.
En la obra actual de Oscar
Pantoja se observa un deseo de alejamiento del objeto para darle presencia o
existencia en un espacio poético de inocultable sugerencia. Pareciera que el
elemento central se niega por la inmediatez o excesiva objetividad, es necesaria
la niebla cromática, la bruma de los sueños, el encuentro con otra naturaleza
más real. Es el tintel justo que ofrece esa clave mortífera que propone Bretón
para romper las barreras de lo convencional y entrar en el reino de los campos,
donde se cultiva la ortiga, el tiburón, la uña de gato, los ojos de los
malvados, el hielo de la piedra, el musgo de los senos, la ira de los indios y
toca clase de malversaciones del espíritu.
Toda una larga preparación del
artista para buscar su cosmos, las relaciones más estrechas entre el color que
hila desde el pasado y busca rupturas con el futuro. Entre los rincones más insólitos
del aíre por donde pasan los cóndores. Pantoja encuentra el tema y lo
eterniza en pátinas de otro mundo, desdibujando la realidad golpeante externa,
la tamiza en esencias que le dan cuerpo y
vida a una nueva realidad (la que cultivan los
ciegos que tocan instrumentos dolorosos).
En los dibujos Pantoja entra a su
laboratorio alquímico de formas libres, en vital ebullición; no obstante lo
dispone todo como cuando se va a organizar, al día siguiente, un sueño. Es el
nacimiento de un cosmos armónico. Lo que en Matta aparece lleno de
constelaciones eróticas, aquí toma un sabor incaico desmedido, como si el
dolor de Vallejo se condensara en las alturas, en lamento.
La presencia de la obra de Oscar
Pantoja en la Galería "La Otra Banda", pone de relieve la importancia
y trascendencia de una búsqueda interior hacía un arte continental. No son las
banderas políticas superficiales las que determinan códigos expresivos, es
esa conciencia que se ha ido moldeando en los artistas contemporáneos y que está
llena de un sentimiento de libertad y al mismo tiempo de arraigo a la matriz
americana: el artista boliviano Pantoja es un ejemplo.
carlos contramaestre