POEMAS CROMATICOS
La
pintura de Oscar Pantoja parece aparecer y desaparecer, dicen los críticos.
Para el maestro, uno de los artistas más conocidos de la plástica boliviana,
esta abstracción lírica que tanto reconocimiento le ha dado no es más que el
resultado de un proceso emocional espontáneo en el que, fascinado por la magia
de crear, sugiere y evoca la poesía del color y de la forma. Sus obras pueden
ser apreciadas en la galería Praxis de Barranco.
En su casa
todos eran pintores, así que el interés por la pintura le llegó cuando apenas
era un niño. A los 17 años una beca lo llevó a México, país en el que
aprendió la técnica y la disciplina que demandaba el oficio pero también
donde tuvo que olvidar "todo aquello que hay que olvidar porque a veces
resulta absurdo".
En aquella
época, el movimiento artístico mexicano estaba regido por una pintura oficial,
la muralista. Rivera, Orozco y Siqueiros; los más jóvenes vivían a la sombra
de estos "monstuos sagrados". Pero a Pantoja eso no lo entusiasmaba.
El seguiría el camino de los disidentes.
"Estaba
fascinado con la obra de Rufino Tamayo, un pintor que optó por otros caminos y
logró independizarse. Tamayo fue para mí un ejemplo de lo que debía
hacer", recuerda el artista.
Motivado por
la necesidad de investigar. Pantoja se mudó al surrealismo imperante y conoció
a las escuelas europeas emergentes.
"Si no
oficialmente, estaba casi prohibido el contacto con la cultura europea moderna
porque consideraban que violaba la política, de modo que esa idea supeditaba
toda la pintura. En realidad, fueron mis lecturas las que me liberaron".
Embebido por
la poesía de André Breton y Paul Eluard,
"En ese
entonces en Europa ya se conocía el arte abstracto de Mondrian y Kandinsky.
Como en México aún no se veía nada de eso decidí mudarme a Venezuela donde
se venía dando un movimiento artístico interesante. Allí conocí la libertad
de trabajar".
La exposición
que presenta en Praxis es sólo una pequeña muestra de este largo itinerario
del artista por los caminos de una abstracción.
Encausándose
en un arte intimista que traduce el caos de la forma y el color, Pantoja crea
telas prácticamente monocromáticas. Pintura intimista, de vastos silencios.
"Pantoja sugiere, evoca, no denomina unívocamente. Más bien provoca
asociaciones libres de ideas en el espectador que se sumerja en sus tablados que
invitan a la meditación y se deja fascinar por sus cuadros líricos. Nos hace
comparar sus pinturas con poemas", dice sobre su obra la crítica de arte
IsabeI Rith-Magni.
Hacer poesía,soñar. Ese es el leiv-motiv de la obra de Pantoja. Sobre el proceso casi sonámbulo de crear, el artista comenta: "Breton decía que la creación debía ser un acto libre, un proceso en el que el individuo pudiese sumergirse en su interior. Yo nunca hago bocetos: veo la tela, el espacio en blanco y comienzo a volar. La razón viene después, al momendo de organizar colores y formas. Lo básico está en soñar".
(Gestión, Lima, Perú, 5
marzo de 1999)