CRÍTICA

Oscar Pantoja el espíritu latinoamericano
LA PINTURA DE OSCAR PANTOJA PARECE APARECER Y DESAPARECER
Apenas aparecido, desaparece Oscar Pantoja, para seguir en su camino infatigable por América y Europa y cuyo único reposo es Tarija en Bolivia. Lo que queda para el público son recuerdos de sus pinturas. E inclusive los que han adquirido sus obras no poseen las imágenes, porque éstas escapan al espectador.
Las formas desaparecen al aparecer, como si se negaran a quitarse el velo de la sutil niebla cromática, porque temen el exhibicionismo. Rehúsan tomar una forma concreta, insisten en su misterio. Tenían razón los que compararon las imágenes con palimpsestos; dan la sensación de incontables capas de escritura raspada, convirtiendo así su claridad original en un nuevo contexto indescifrable, difuso.
Pantoja sugiere, evoca, no denomina unívocamente. Más bien provoca asociaciones libres de ideas en el contemplador que se sumerja en sus tablados que invitan a la meditación y se deja fascinar por sus cuadros líricos. Nos hace comparar sus pinturas con poemas.
Las obras exigen la libertad de la fantasía. No es suficiente que el espectador identifique objetos, que cumpla solamente con el
reconocimiento de una configuración dependiente del mundo fenomenal extra pictórico. Si no está predispuesto a las exigencias inherentes de la obra la llamará hermética, críptica o cerrada, lo que en realidad es apertura.
El pintor no nos pide conocimientos necesarios para comprender ”correctamente" su pintura. Inclusive en los títulos se cuida de usar la función orientadora de la palabra en un sentido muy rígido. Los nombres poéticos no tienen relación directa con el cuadro, es decir, no lo describen; ni siquiera son alusivos. Pantoja insiste en que sus juegos creativos con las palabras tienen valor autónomo; es el contemplador quien establece la relación entre el medio verbal y el medio pictórico.
A1 desistir de dirigir minuciosamente al observador, lo admite como partícipe activo de la creación artística, consciente de que el sentido de una obra de arte, siempre novedoso e inagotable, se constituye recién en el acto de contemplación. A pesar de esa riqueza interpretativa, sería un malentendido pensar que las imágenes permiten cualquier tipo de proyección arbitraria por parte del espectador. El pintor da un marco elástico dentro del cual puede desarrollarse el juego de las ideas y emociones inspiradas por sus abstracciones líricas.
Los poemas cromáticos de Oscar Pantoja tienen características que llevan a sus intérpretes a declarar siempre que tienen un hálito de
"espíritu" latinoamericano. Pero ¿cómo hay que entender tal
compatibilidad entre lo geopolítico y lo estético, considerando que ni existen adaptaciones formales de la tradición indígena, ni motivos
"típicos" del medio circundante, que permitieran concretizar el nexo postulado?
El pintor crea equivalentes emocionales en sus composiciones abstractas, o sea, la atmósfera de las configuraciones de colores corresponden a sus sensaciones, recibidas del ambiente con la
intención de transmitirlas al contemplador. Para ponerlo, mediante formas y colores, en un estado emocional comparable al suyo, le sirve la técnica del así llamado "automatismo", aquel flujo libre de imágenes e ideas de manera inconsciente que usaron los surrealistas tan admirados por él. "Para mí, la pinturá es volar, ponerme a soñar..." -nos dijo Oscar Pantoja una vez en La Paz.
El matiz particularmente americano de su pintura no es el resultado de un programa preconcebido sino de una actitud natural. Consecuente con la tradición surrealista, el artista insiste en el aparecer espontáneo, involuntario de la huella que deja el contexto cultural, meta que se consigue con la técnica de crear pictóricamente atmósferas que
provoquen una consonancia emocional entre el pintor y el espectador, recordándole así, tal vez, el mismo impulso que causó la sensación visualizada originalmente: el paisaje del altiplano, las ruinas de Tiahuanaco, la vida bohemia de La Yaz, entre tantas otras ciudades más...
Aparte de las equivalentes emocionales, el carácter de autenticidad cultural de sus obras también resulta de reminiscencias y de
impresiones que va dejando el mundo de las apariencias que él va viendo; lo que puede sorprender si tenemos en cuenta su lenguaje pictórico abstracto. El mismo afirmó: "yo vivo permanentemente deslumbrado por la pintura rupestre de cualquier latitud, y, sobre todo, por ese universo poético que se puede ver, y que yo descubrí en los mingitorios de todos los bares y cantinas de la tierra, en los que se encuentran rayados, manchas, incisiones, colores que fueron trabajados por la humedad, el
tiempo y la mano anónima y colectiva del hombre."
Pantoja, con su modo de transformar pictóricamente la apariencia fenomenal de la realidad extrapictórica convierte al surrealismo
abstracto de su obra en un "realismo del sur" (Matta), que encanta. "Yo soy un pintor no-figurativo pero al mismo tiempo estoy más cerca del surrealismo que del abstraccionismo puro. (...) Tiene más calor, más pasión que la abstracción europea; está más cerca de la magia. Es
el espíritu latinoamericano."
Isabel Rith-Magni