CRÍTICA

OSCAR PANTOJA: LA SEÑAL COMO HORIZONTE  

La frontera entre los ciclos y la tierra es la señal: el ciudadano del horizonte, el producto de la unión entre dominios. La pintura de Oscar Pantoja, el principal maestro boliviano contemporáneo, narra el "reconocimiento" de la señal de su rol y provenencia. En las obras de Pantoja la señal es ser, habitante, y descendencia. Esta función es distinta al rol de la señal en varias tradiciones modernistas que han nutrido la visión de Pantoja, entre éstas: el constructivismo de Joaquín Torres-García, el informalismo de Antoni Tápies, el gesturalismo informado por la mitología de Fernando de Szyszlo, y el balance entre la pureza cromática y la inmediatez textual de Mark Rothko. En la pintura de Pantoja, la señal no es la síntesis gestural de la relación entre el ser y la existencia. No es una huella de la conciencia codificada o el estandarte imperial del ser. Pantoja nos da la señal al momento en que descubre el espacio en el cual se encuentra y del cual toma posesión.

No se trata de un simple proceso de personificación en el cual la señal actúa sobre su escenario pictórico dramatizando el comercio entre "res cogitans" y "res extensa". La personificación siempre está arraigada al dualismo y, en efecto, el dualismo es el contexto primario, aunque trascendido, de la aventura estética de Pantoja. Para Pantoja, la señal surge, y al hacerlo conlleva la carne del espacio que la rodea y la eleva a la dimensión que las señales representan. La jerarquía implícita es esta elevación es ineluctable, pues la señal mantiene una relación distinta con el ser que otros elementos inmanentes, sean naturales o hechos por el hombre. La señal es siempre conclusión, siempre final, siempre es cómplice en la trama cognoscitiva cuyo agente y eventos son uno: la conciencia reflexiva. Esto se hace evidente en el acercamiento de Pantoja a la señal como imagen en su arte. La cohesión de la señal con su milieu pictórico, la forma en que esta cohesión es apoyada por la textura sutil y variada de la superficie completa, y el delicado balance entre la evanescencia de la señal y su inequívoca presencia son tres atributos del estilo de Pantoja que manifiesta el corazón conceptual de sus estética.

Ni accidente ni efecto, la señal en la pintura de Pantoja simplemente pertenece. ¿Pero a qué? Mientras que la relación entre la señal y el espacio pictórico en el arte de Pantoja es completa y sutil, esta relación forma el eje central de su arte. Ciertamente, la señal pertenece al espacio en que se encuentra. Pero este espacio no es simplemente un terreno, un fondo, o una extensión de la señal. Este espacio es tan señal como la imagen o imágenes discretas que surgen de él. El enfoque cae sobre el problema de la forma. ¿Hasta qué punto es una señal una forma que deriva su poder de significar precisamente de su capacidad de diferenciarse de las realidades no-significantes que la rodean? ¿Hasta que punto es preciso que exista esta diferenciación para que un significado sea incorporado en una señal?Y, más importante que lo demás, ¿Hasta qué punto tienen esta distancia que ser borrada, o al menos subvertida, para que se cumpla esa misma función significativa? ¿No es toda señal una paradoja, una cosa que se convierte en espacio precisamente para poder significar? ¿Y no es el significado una dimensión que trasciende las nociones de un objeto y el espacio?.

La naturaleza de esta paradoja puede ser menos obvia en el lenguaje que en las artes visuales porque la paradoja enfoca el carácter de proceso que define la significación. O sea, el énfasis cae sobre como una cosa se convierte en espacio para, a su vez, convertirse en un concepto. El propio alma del lenguaje es el proceso, la fuerza metomímica que nos lleva de una palabra a otra de una oración y un párrafo a las próximas expresiones, todo para llegar nunca está en cuestión, ni tampoco la fisicalidad de sus señales. La pintura une el significador y el significado en forma que el lenguaje no logra.

La ventaja de explorar la naturaleza paradójica de la señal en la pintura es una de las lecciones que Pantoja deriva de Torres-García y Tápies, dos artistas muy diferentes que ahondaron en la fisicalidad de las señales y el espacio dentro del cual y a través del cual éstas entran en el ser. Para el maestro uruguayo, Torres-García, el habitar la retícula constructivista con pictografías y otras señales sirvió para unir dos representaciones de lo infinito -la pauta geométrica y el lenguaje- en una pintura. El enfoque de Tápies es en el acto de crear seriales; evento ubicado en el presente radical donde los enigmas de la señal son codificados por su fisicalidad tan claramente como su significado es rectificado por las estructuras sociales imperantes y dispuestas a recibir ese significado.

El hecho que pueden ser traducidas las señales y que, de hecho, siempre tienen que ser traducidas, verifica que el misterio nunca las abandona. El misterio es una propiedad esencial de lo físico.

Pantoja combina estas dos dimensiones temporales, lo infinito y el presente. Sus espacios, rendidos dentro de un mundo cromático de gran economía; están llenos de innumerables eventos textuales que funcionan dentro de las líneas paradójicas que ha tomado como el centro de su pensamiento visual. Las pinturas de Pantoja registran surgimientos que son del momento mientras que, a su vez, no están vinculadas a eventos. Las texturas no son propiamente señales - formas discretas cargadas con variables aunque definidas significaciones - pero si registran un proceso. No sóloTorres-García, sino también RufinoTamayo, Szyszlo y otros maestros latinoamericanos han abordado ciertas texturas como símbolos del pasar del tiempo. La clarificación de la textura, lo cual lleva a que ésta se convierta en un concierto de formas, es otro paso en el proceso de borrar que culminará en la creación de una forma. La propia forma está condenada a convertirse en la nueva superficie, el escenario dónde las erosiones dramatizan la terrible acción de la temporalidad. En la pintura de Pantoja, obtenemos una visión clara de la tensión ying-yang entre formas y superficie. La conciencia necesita siempre estar creando y destruyendo señales.

En realidad, la pintura de Pantoja asevera que no es tanto la señal que forma el "horizonte" entre los ciclos infinitos y la tierra momentánea, sino el proceso complejo de creación, recepción, y destrucción de señales. La naturaleza paradójica de las señales une a todos los pasos de modo profundo e ineluctable.

Para que la pintura pueda explorar la temporalidad de las señales, tiene que enfocar la manera en que nuestra dualidad como seres capaces de aprehender lo infinito mientras nos encontramos presos de lo temporal es grabado dentro de esta temporalidad. De las pinturas de Pantoja recibimos una verdad terrible: la muerte y renacimiento de las señales conmemoran el poder y la finalidad de nuestras imaginaciones.  

Ricardo Pau-Llosa  


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